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1.9 Con el Papá de mi Amo

 

Cualquier duda, sugerencia o comentario pueden escribirme a leopoldo_relatos80@yahoo.com.mx y yo con gusto les responderé, además disfruto mucho recibir mails de mis lectores. Espero que disfruten el noveno capítulo de la saga. El final de la primera parte se acerca.

 

I

El encuentro que había tenido con el macho misterioso, gracias a mi profesor de deportes, me había abierto los ojos a lo que podía ser un romance más allá del sexo ocasional dominante. También sabía que poco a poco me estaba volviendo mucho más sumiso con los otros machos de tal forma que estaba aceptando su autoridad cada vez que me daban órdenes que yo me humillaba al cumplir. Cada vez que me presentaba en tanga frente a sus cuerpos musculosos y bailaba para ellos, o lamía su pecho, o besaba sus pies, estaba aceptando su autoridad sobre mí. De nada me servía odiarlos por lo que me estaban haciendo si yo los obedecía en cada recreo.

 

Esta historia realmente comienza un día antes de un asueto escolar, en una tarde calurosa en que me encontraba solo en mi casa cuando oí que el timbre sonaba, y al acercarme a la puerta a abrir escuché la voz del mejor amigo de mi amo, Xavier Oscio.

"¿Estas sola, puta?"

"Sí, sola y caliente", contesté sabiendo que eso lo excitaba.

Abrí la puerta y me encontré con el macho sudado vistiendo su uniforme de la selección de fútbol de la escuela. En su mano derecha pude ver una maleta de tela donde seguramente tenía un cambio de ropa; su saco y su corbata. Realmente estaba excitado y se podía ver por el notable bulto en su pantalón. Sus ojos quedaron abiertos desnudándome con la mirada. No habían pasado ni dos segundos cuando se abalanzó sobre mí para violar mi lengua con su boca. Sus manos no es estaba quietas pasando por mi espalda y mis caderas, manteniéndose por momentos masajeando mis nalgas. Sus labios parecían devorar los míos. Me empujó contra la pared para poder seguirme manoseando a gusto.

"Me gustas tanto, puta viciosa. Y es momento en que me hagas el favor que me debes y te dejes humillar. No le cuentes nada de esto a Santiago. Por hoy serás toda mía."

"Desde luego, amo. Hoy sólo cumpliré tus órdenes."

Y él sonrió complacido ante tal demostración de sumisión.

 

Tomándome de la mano con fuerza, me arrastró hasta la sala donde el vicio y la lujuria tomaron posesión y prácticamente me arrancó la ropa hasta que quedé en tanga. Sonrió pícaramente al verme degradado y con un movimiento rápido hizo gala de su fuerza y la tanga quedó rota sobre la alfombra. Le gustaba tenerme así. Abrió su maleta de tela lentamente y sacando su usual saco, corbata, y pantalones doblándolos cuidadosamente junto a un sillón. Obviamente había algo más dentro de la maleta y pronto lo descubrí. Sacó una tanga mucho más chica de lo que parecía ser leopardo, y tenía una textura sintética que le daba la apariencia de piel.

"Así es como me gustas, como una hembra en celo. Ahora quiero que demuestres quién es tu nuevo macho y le quites la ropa", me ordenó Oscio y estaba tan excitado que obedecí de inmediato.

En cuanto me acerqué a él otra vez empecé a quitarle su uniforme de fútbol que aún estaba empapado en sudor. Cuando le quite la playera pude ver como su pecho lampiño y musculoso brillaba aperlado por el sudor. Le bajé los shorts y su pene saltó erecto (pues desde nuestro primer encuentro sexual me había dicho que la ropa interior limitaba su hombría, y era un hecho de él que me excitaba bastante).Le quité también sus tenis y sus calcetines sudados. De su maleta obtuvo unos bóxers muy similares a mi tanga y se los puso bien apretados haciendo lucir aún más espectacular su abdomen de lavadero.

"Ahora jugaremos a la jungla. Como ya aclaramos, tú eres solamente una hembra en celo y yo soy un tigre macho dominante que anda en busca de una esposa para coger. Así que nos pondremos en cuatro patas y esperaras a que aparezca tu macho para violarte una y otra vez. Lo necesario para que pueda embarazarte. Después subiremos a tu cuarto y… bueno. Ya veremos de que forma puedo destruir tu dignidad."

"Pero yo soy hombre, no me puedo embarazar", intenté protestar en vano, pues recibí una cachetada y un golpe en el estómago.

"Eres una hembra en celo y te vas a embarazar porque yo lo digo. ¡Ahora en cuatro patas o le digo a tu macho que te estoy violando en tu casa sin su permiso!"

 

No tuvo que insistir más y no quería enfrentarme a él en ese momento así que me arrodillé lentamente y empecé a caminar como un animal, tal y como él me lo había pedido. Él hizo lo mismo, con la misma sonrisa pervertida que tenía cuando abrió la puerta.

"Yo soy un tigre macho y musculoso. Soy el rey de la jungla y necesito encontrar una hembra en celo para procrear y para que se vuelva mi esclava", exclamó dando una vuelta a la sala antes de que nos encontráramos nuevamente a la entrada, "Parece que hemos encontrado a una. ¿Te gusto, nena?"

"Sí, mucho"

"¿Te gustaría ser mi reina y llevar mis cachorros dentro de ti? ¿Ser la consorte del rey de la jungla?"

"Es un gran honor", contesté al darle un lengüetazo en la mejilla, lo que pareció excitarlo.

"Entonces debo penetrarte y llenarte de semen hasta que te embaraces. Ven a mi cueva para ser violada", dijo levantándose y ofreciéndome la mano. La tomé y me llevó hasta un sillón largo que había en el fondo de la sala. Ahí se recostó mostrando su hermoso cuerpo atlético y con señas me indicó que me sentara sobre su pelvis. Sabiendo que debía dar placer, empecé a masajear sus hombros lamiendo su pecho para limpiar el sudor causado por la práctica de fútbol. Él sólo puso los brazos detrás de la cabeza disfrutando de lo que estaba sintiendo. En esa posición fue más fácil para mí limpiar con mi lengua sus axilas. El interior de su cuerpo se calentaba con la excitación y cuando llegó al máximo movió las manos hacia mi tanga para bajarla lentamente y empezar penetrarme con sus dedos ensalivados. Pude ver en su cara cómo el gesto de placer mientras continuaba limpiando la comisura entre sus pectorales con mi lengua. Cuando él sintió que estaba preparado para sentir su pene dentro de mí, se quitó los bóxers. Sentí la punta en la entrada de mi culo.

"Tú serás la madre de mis cachorros, prepárate para quedar preñada", dijo penetrándome con toda su hombría.

"Ahhh…. Ahhhh… penétrame con fuerza, demuéstrame que eres un tigre… ahhh… el rey de la jungla… embarázame…", gemía una y otra vez al saltar sobre su verga.

"Sí, demuéstrame lo puta que eres quedándote preñada con mi semen, ahhh… eres más puta de lo que creí…. Ojalá fueras mía y no del puto de Mijares."

"Por hoy soy tuya…. Ahhhh… sólo tuya… quiero que me dejes preñada."

Y entre intercambios de palabras (o gemidos) entre los dos donde yo me humillaba más ante él y él me sometía con su pene, llegó el orgasmo. Y todo quedó sellado cuando atrajo mi rostro el suyo para besarme morbosamente como sólo él sabía hacerlo.

"Sabía que lo iba a pasar bien contigo", le susurré en la cara aspirando su dulce aliento a tabaco.

"No creas que hemos terminado, aún no estás preñada y yo quiero que seas la madre de mis hijos", dijo con su sonrisa picarona, preocupándome más.

 

Nos levantamos desnudos y me pidió que lo llevara a mi baño, donde tendría que bañarlo. Después de todo estaba sudado de nuevo por mi culpa y tenía que pagarlo. Así que los dos nos quedamos bajo el agua caliente fundidos en un beso caliente. Tomé el jabón y empecé a frotarlo contra su pecho musculoso mientras él sonría complacido. Limpié sus pectorales, sus brazos musculosos, su estómago de lavadero, sus muslos firmes, sus nalgas duras, y todo esto hizo que se volviera a excitar y que su pene volviera a tomar vida.

"Quiero intentar preñarte otra vez, puta", dijo dándome la vuelta con violencia y penetrándome una vez más con fuerza mientras las gotas de agua lo salpicaban todo. De nuevo, lo único que se pudo oír fueron mis gemidos de sumisión y los suyos de dominación. Finalmente, dando una estocada con su pelvis mucho más fuerte que todas las demás llenándome el culo una vez más con su semen, que empezó a gotear con el agua.

"Creo que si no te has embarazado es porque quieres que tu macho te de más verga, y no tiene nada que ver con la leche que generosamente le doy a esa vagina que llamas culo", dijo finalmente tallando el jabón contra mi culo.

Luego me ordenó que salieran de la regadera y me secara muy bien, porque tendría que secar a mi macho con la lengua y una vez más pude saborear sus músculos, sus muslos, sus pies, sus axilas, su espalda, y sus nalgas. Creo que fue más el tiempo que mi lengua lo que lo secó, pero no importaba porque era algo que nos excitaba a los dos. Me volvió a poner contra la pared para besarme y manosearme.

 

"¿Estás caliente, puta?", dijo observando mi pene erecto.

Yo asentí con la cabeza y él sonrió llevándome hasta mi cuarto. Se sentó sobre la cama desnudo enseñándome el resultado de su trabajo en el gimnasio.

"Mastúrbate mientras bailas para mí", y como siempre lo había hecho para todos los otros machos, sólo que esta vez estábamos en mi casa desnudos con mi mano derecha sobre mi pene sobándolo para darme placer. Estaba tan excitado que no pasó mucho tiempo antes de que yo también llegara al orgasmo y mi leche saltara sobre el abdomen marcado de mi amo. Él se reclinó sobre la cama para que yo pudiera lamer y limpiar cada cuadrito de músculo. A continuación me recosté junto a él, mientras le acariciaba el pecho y él suspiraba.

"Sabes que yo no soy como los otros machos, porque ellos tienen novias y yo soy gay. Sé que ellos no ven más allá del sexo y es triste. Tú no eres así y se puede notar. Me gustas mucho desde el primer día que nos presentó Mijares y quiero decirte que si algún día te alejas de él, yo podría ser tu amante. Claro que aprenderías a respetarme y tendría que domesticarte. No trabajarías más que en labores del hogar por ser mi esposa, pero creo que serías feliz como lo fuiste hoy. Después de todo tengo un pene y un buen cuerpo y no se necesita nada más para satisfacer a una puta."

"Lo voy a pensar", dije sin saber que contestar ante tal proposición.

"No quiero levantarme al baño, pero tengo muchas ganas. Orinaré en tu alfombra."

"¡No!", dije metiéndome su pene en la boca y sintiendo como se llenaba de su orina caliente. La tragué con mucho asco y me incliné para besar sus pies sabiendo que calmaría su enojo.

"Gracias por el regalo amo", dije mientras él se levantaba para darme dos golpes en la espalda.

"Yo no regalo partes de mi cuerpo así nada más, como castigo vas a hacerme ahorita la tarea para pasado mañana. Quiero que me la des para que pueda irme a mi casa. Me iba sentar en el escritorio cuando me dijo "Ahí no.", y me llevó hasta la sala una vez más. Ahí sacó de su maleta un libro y un cuaderno, me ordenó ponerme en cuatro patas junto a un sillón y hacerla ahí. Él se sentó poniendo sus pies sobre mi espalda ordenándome que ladrada mientras terminaba la tarea, y que si me tardaba mucho iba a penetrar mi culo con lo primero que encontrara en la sala como castigo. Veinte minutos después la tarea estaba lista.

 

Sonrió complacido al revisarle, me levantó, me empujó contra la pared y empezó a devorarme con su boca de tabaco, manoseando mi cuerpo desnudo de la misma forma que yo lo hacía.

"Has hecho bien, putita. Nuestra deuda ha quedado saldada. Piensa en todo lo que te dije en tu cuarto porque puedes ser feliz siendo mi esclava para toda la vida. Ahora debes vestirme con el traje que dejé junto a la maleta.", y ante esta orden hice lo que él me pidió con total sumisión. Al terminar con la corbata, volvió a besarme.

"Eres tan hermoso", le susurré en el oído, y él me nalgueó.

"Le debes devoción a tu amo, y no olvides que mis intentos para embarazarte no han terminado. Ahora recuerda que mañana no hay clases ¿tienes algo que hacer?"

Negué con la cabeza.

"Entonces tu verdadero amo Santiago Mijares, vendrá para llevarte a su casa porque necesita una secretaría para su papá. Tú serás perfecta. No te olvides de llevar tu tanga", y viéndola rota sobre el tapete de la sala exclamó riéndose, "se va enojar mucho cuando sepa que no tienes la tanga que el te dio. Es tu problema, puta. Resuélvelo o tu amo te va a castigar."

Guardó todas sus cosas en la maleta de tela y lo acompañé hasta la puerta. Antes de irse volvió a violar mi boca con su lengua.

"Tú serás la madre de mis hijos", concluyó cerrando la puerta tras de sí.

 

 

II

Tal y como me lo había dicho Xavier Oscio, mi verdadero amo tocó la puerta a las diez de la mañana y salí deseoso de encontrarme con él. Le dije a mis papás que iba a estar todo el día con mis amigos en un parque de diversiones de la ciudad y eso sirvió para que no sospecharan. Salí feliz de encontrarme con mi macho sudoroso, y él se encontraba de la misma manera porque me recibió dándome un beso fuerte. Así que me subí a la camioneta, que manejaba el hermano de mi amo y en cuanto ordenaron que me quitara la ropa para usar la que ellos me habían traído, tuve que enfrentarme al hecho de que ya no tenía la tanga que él me había dado porque la había roto el día anterior. Mi amo se puso furioso y pude ver claramente como la sangre le hervía por el rostro, abrió la guantera de inmediato y sacó una tanga, pero esta no era roja como las que generalmente me daba. Era de un tono de azul muy claro, casi tirándole a blanco. Más tarde supe que dentro de su club sexual había un cierto código de colores en los cuales se notaba el nivel de degradación de un sumiso como yo. Yo, que estaba a un paso de la liberación había bajado de nivel para humillarme más, y por supuesto no podía quitarle el enojo a Santiago Mijares porque no quise explicarle lo que había pasado la noche anterior. Estaba cumpliendo un castigo y acusar a Oscio hubiera destruido el acto de confianza (si así se le puede llamar) que tuvo el conmigo ayer. Finalmente el asunto quedó atrás y la situación del día empezó a imperar dentro de la plática.

 

"Como es un día feriado la secretaria de mi papá no puede venir a ayudarlo, además la puta de mi hermano salió de la ciudad así que tú vas a tener que servir. Además quiere conocerte después de todas las historias que le hemos contado. Debajo del asiento encontrarás un poco de ropa para que te cambies.", y asentí tanteando debajo del asiento para sacar todas las prendas que él había guardado ahí. Encontré una minifalda roja tableada, un brassier con relleno y una blusa que me apretaba. Me pusieron calcetas blancas largas y zapatos de tacón del mismo rojo. Para terminar sacaron de la parte delantera del coche una colección de pelucas y un poco de maquillaje. Decidieron los dos que me vería mejor de morena y mi amo procedió a maquillarme. La imagen que vi en el espejo me dio asco, yo no quería ser así. ¡Yo era un hombre!

 

Llegamos a su casa y al abrir la puerta me encontré con un macho delicioso de cuarenta y tantos años. Su cuerpo era esbelto y atlético escondido bajo el traje fino negro y la corbata roja de seda. Su quijada era cuadrada, su rostro lampiño y sus ojos de un azul muy profundo. Podía ver cierta semejanza entre sus facciones y las de mi amo. Recibió a sus hijos con un beso en la frente y una nalgada.

"Así que esta es su adquisición de este año escolar. Me gusta, me gusta mucho", dijo sonriendo al examinar todo mi cuerpo con la mirada, casi seguro me desnudaba en su mente.

Le tomó algunos segundos acercarse a mí para tomar mi mano con suavidad, y nuestras miradas se cruzaron.

"No tengas miedo, que estás hermosa. Tienes mucho potencial si decides dedicarte al negocio del sexo profesionalmente, y yo podría ayudarte si te interesa. Podrías ganar mucho dinero, y lo más importante es que podrías conocer muchos machos. ¿Es lo que le interesa a las putas como tú, no? Sentirse seguras con un macho fuerte, sentirse zorras con un pene grande, seguir órdenes que las humillan pero que al mismo tiempo complacen a hombres de verdad."

Me quedé viéndolo sin saber que decir, hasta que recibí un golpe en la cabeza de mi amo.

"Respóndele a mi papá, maldita puta."

"Calma, Santiago, las faltas de disciplina de una pinche arrastrada como la tuya generalmente no son errores suyos, sino de una mala domesticación de parte de su dueño."

Él asintió, y su padre volvió a dirigirme la mirada esperando que contestara.

"Será un honor servirlo hoy, señor."

"Muy bien, entonces iremos a mi despacho donde tendrás que ayudarme con mi trabajo. Hay una computadora para que puedas trabajar, y si te portas bien entonces te recompensaré; de otro modo tendré que castigarte."

Mi amo se aclaró la garganta y me levantó la falda un poco para que su padre pudiera ver el color de la tanga. Su rostro se endureció.

"¿Cuándo pasó esto?"

"Hoy", respondieron los hermanos al unísono.

"Ya saben lo que tienen que hacer cuando se encuentren solos, hoy es mía y le doy el grado que yo quiero."

 

Aún tomándome de la mano, me arrastró prácticamente hasta un cuarto de la casa que yo no conocía porque era el despacho del padre de mi amo. Había un gran escritorio para que trabajara el gran ejecutivo y uno más pequeño con una vieja computadora para con muchos papeles a la derecha del teclado. Me ordenó que tecleara todo lo que estaba en esa computadora en archivos diferentes y lo imprimiera para entregárselo en cuanto todo estuviera listo. No me iría hasta que el trabajo completo estuviera terminado y entonces el decidiría si me había ganado un premio o un castigo. Empecé a trabajar lo más rápido que pude, ante la mirada escrupulosa de mi nuevo amo que ocasionalmente se me quedaba viendo para desnudarme con la mirada y fantasear con mi cuerpo. Durante horas mantuvimos este juego de miradas hasta que oí mi estómago rugir.

"Perdone la molestia, amo, pero a que hora vamos a comer."

"Nunca un macho como yo se quitará un bocado de la boca para dárselo a una pobre excusa de prostituta como tú. En una hora iré yo a comer con mis hijos y mi esposa, que no sabe nada de ti, y si acaso sobra un poco de comida entonces te la daré en el plato del perro. Sólo si sobra. ¿Está claro?"

Asentí nervioso y continué trabajando

 

Como había dicho él, una hora después salió del cuarto sin hacer ruido y regresó media hora después con un plato metálico de perro con pocos pedazos de carne flotando en la sopa.

"Yo quería darle esto al perro, pero mi hijo mayor insistió en que tal vez tendrías hambre así que te traje esto."

Lo iba a tomar con las mano, pero el chasqueó los dedos y señaló el piso junto a sus pies. Entendí lo que quería y me puse de cuatro patas junto a él. Lamí un poco sus zapatos y luego me dispuse a comer como si yo fuera un perro. Cuando terminé me levanté y el señor me limpió con su pañuelo. Ordenó que regresara a trabajar y me puse a teclear toda la tarde. Cuando terminé separé todos los trabajos y se los llevé a su escritorio. Los revisó cuidadosamente y me dijo que todo estaba bien, que tendría mi premio. Se levantó del escritorio acomodándose la corbata.

"Ese atuendito que te puso mi hijo me excita tanto que sólo quiero arrancarte la ropa y violarte como la puta que eres. Quiero dejarte preñada como una perra.", y me besó con pasión subiéndome la falda poco a poco para manosearme las nalgas, me fue levantando hasta que me pude sentar en el escritorio. Pude palpar sus duros músculos a través de su camisa blanca y el bulto que se formaba en su pantalón. Con sus manos fuertes me arrancó la blusa haciendo volar los botones por todo el cuarto. También me arrancó la falda y la tanga azul. Mi pene saltó erecto y lo tomó con su mano derecha apretándolo con fuerza.

"Cuando lo compares contra el mío sabrás lo que es un hombre de verdad."

"Muéstrame tu fuerza, papi" gemí excitado.

Él sonrió con lujuria y empezó a quitarse la corbata y el saco. El sudor empezaba a cubrir su cuerpo delineando sus músculos, y cuando se quitó la camisa pude ver uno de los mejores cuerpos que he visto en mi vida. Ni un solo gramo de grasa, grandes pectorales protuberantes y duros, brazos fuertes, y un abdomen exquisitamente marcado. Se bajó los pantalones y sus bóxers que se apretaban a sus muslos firmes liberando por fin un pene mucho más grande y grueso que cualquier otro que me haya penetrado y relajando mi ano con sus dedos ensalivados dejó entrar toda su hombría en mí. El dolor me partía y todos los gritos que yo daba eran de dolor, mientras que los del padre de mi amo eran de puro placer.

"Ahhh… por favor…. no lo haga… me duele mucho, amo… duele … ahhh…no quiero… ahhh…"

"Cállate puta… eres mía y sólo mía… conmigo conoces lo que es un hombre de verdad, y no lo que mis pinches hijos te dan… dí que eres sólo mía."

"Soy tu puta y de nadie más… de nadie más… ahhh"

Nunca había sentido algo de tamaño semejante dentro de mi cuerpo y eso se tradujo en que su orgasmo llegara repentino. Dejó su verga dentro de mí y empezó a masturbarme haciendo saltar mi semen por todo mi pecho. Me limpió con su lengua y me ordenó que regresara al cuarto de Santiago. Así lo hice.

"Tendrás tu castigo el próximo viernes en tu casa"

"Pero es el último día de clases", protesté yo.

"No importa, serás castigado severamente y desearas nunca haberme echo enojar."

Y preocupado, me violó él, su hermano y me regresaron a mi casa.