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 Relato de lesbianas:

Anna y Anetta.

Yo soy Anna y esto que les cuento a continuación pasó hace un año, más o menos, cuando aún tenía 17 y así fue como logré que mi mejor amiga Anetta tuviera su primera experiencia en el sexo.

Ella y yo nos conocemos desde muy niñas pues mi papá y su mamá son primos hermanos y se frecuentaban bastante desde que eran muy jóvenes; todo fue muy bien entre las dos familias hasta que un día secuestraron al papá de Anetta; a partir de ahí las cosas cambiaron, en su familia se volvieron muy reservados y temerosos, salían poco y cuando lo hacían tenían un equipo de seguridad muy espectacular y tanto a Anetta como a su hermana siempre las acompañaba una pareja de escoltas, un hombre y una mujer, aunque fuera para ir al colegio.

Un viernes al salir de la escuela fuimos a su casa y por primera vez se atrevió a pedirle permiso a su mamá de pasar el fin de semana en mi casa, pues su familia es muy especial dadas las circunstancias y aparte eran medio mochos, léase, apegados a la religión católica y asistentes frecuentes a la iglesia; es cierto, nos dio mucho trabajo convencer a mi tía pero al fin lo logramos; las dos felices nos metimos a su recámara, que compartía con su hermana gemela, que en ese momento no estaba, para preparar las cosas que se llevaría; entre las dos escogimos un camisón de seda en color rosita con una tanguita pequeña que hacía juego y unas pantuflas muy coquetas, un par de blusas, unos pantalones, top, bra y calzones y unos short y casi se nos olvidaba el bikini, agarramos su cepillo de dientes, su cepillo para el pelo, su perfume, que a mí me encantaba el aroma por cierto, los cosméticos, en fin varias cositas, pusimos todo en un pequeño maletín y llamé por teléfono para que un chofer pasara a recogernos y nos llevara a casa.

Mi madre la recibió con gusto pues tenía mucho tiempo sin verla, vio que nos dieran de cenar y nos dijo que esa noche mi padre y ella irían al cine con unos amigos y despues a cenar, así que regresarían bastante tarde; nos pidió que nos portáramos bien, que no hiciéramos travesuras y me prohibió estrictamente que invitara a algún chico para que nos acompañara, que recordara que yo estaba castigada en ese sentido y no me podía visitar nadie, acepté el regaño con la cabeza baja y sin decir nada poniendo mi carita de arrepentida; despues subimos a mi recámara y nos instalamos cómodamente en ella, acomodamos sus cosas y le propuse nos pusiéramos los bikinis para echar una nadada en la alberca, ella aceptó de inmediato y tomó el suyo y se metió muy recatadita al baño para cambiarse; a mí eso me valía madres así que me puse el mío en la recámara pero tuve el cuidado de que la puerta estuviera cerrada pues si algo le encabrona a mi padre que me cambie con ella abierta y la verdad ni sé porqué, pues solo pasan las dos chicas que se encargan del servicio y de la limpieza de las habitaciones y mi mamá; mi papá casi nunca lo hace pues se va muy temprano a la oficina y regresa ya noche y eso cuando no está de viaje. Estábamos felices en el agua cuando papá y mamá llegaron para despedirse, nos dieron un beso y reiteraron el pedimento de mi madre diciéndonos que nos portáramos muy bien; como a eso de las 8 salimos del agua bien cansadas y hambrientas, subimos a mi recámara para darnos un baño; ella se metió primero, pues cuando le dije que nos bañáramos juntas se negó rotundamente; realmente no la comprendía, era demasiado púdica para mi gusto y no sé como era que nos lleváramos tan bien todo el tiempo, al fin las dos éramos mujeres y por lo menos a mí no me daba pena que otra chica me viera desnuda; mientras se bañaba me puse a ver una película en el cable y cuando salió me metí yo, salí ya con el camisón puesto y ella estaba secándose el pelo con la secadora y con el camisón también puesto; yo preferí dejarme el cabello mojado y que se me secara solo, me agrada esa sensación; nos acostamos cada una en su cama y buscamos algo que ver en la tele hasta que encontramos una película de comedia y bajamos a la cocina por unos refrescos. Ya no había nadie y todo estaba apagado, así que subimos de una vez una botellota de Coca de dos litros, un gran paquete de papas fritas y otros dos de palomitas que preparamos en el micro; cada una se acostó en su cama y nos pusimos a ver la famosa película.

Como dije Anetta tiene una hermana gemela, pero las dos son muy distintas; Vanesa es muy parecida a mí, en lo desmadrosa, en lo rebelde y en lo traviesa, tal vez por eso no nos llevamos bien y casi cada vez que nos vemos chocamos y acabamos peleando; yo ya me había acostado con unos cuantos chicos y estaba acostumbrada a metérme el dedito en la panocha varias veces al día; para mí el sexo es igual de necesario que comer y beber, pero Anetta jamás había tenido ningún tipo de relación con nadie y lo peor y lo más incalificable y triste, rara vez se masturbaba. Sin pena alguna me metí la mano por debajo de la tanga y empecé a acariciarme la puchita, ella vio lo que estaba haciendo e ingenuamente me preguntó cómo le hacía para masturbarme...

- Pero dime Anna, cómo lo haces?? Yo... yo casi no sé y además me da miedo lastimarme - dijo ella nerviosa.

- Por Dios Anetta!!! Estoy harta de decirte que es lo más placentero del mundo, sólo tienes que acariciarte suavemente de arriba abajo y despues en forma circular y finalmente enfocarte en clítoris y agasajarte ahí hasta que te llegue el orgasmo y te vayas al cielo, se siente tan rico que parece que estás en una nube – dije, mientras se lo hacía sobre la ropa mostrándole como; estaba tan caliente viéndola tan inocente con su camisón rosa por encima de la rodilla que dejaba ver su calzoncito también rosa y como si nada, me subí un poco el camisón, me hice a un lado la tanga, dejando libre y a la vista mi pucha y me empecé a masturbar.

- Anna... qué haces? - dijo sorprendida.

- Órale Anetta! Las cosas se aprenden solo con la práctica – dije yo mientras me acostaba juguetona encima de ella en su cama y cogía su mano dirigiéndola hacia su virginal panochita.

- Anna!! Pero... – dijo ella con una mezcla de sorpresa y excitación, pero yo la callé con un húmedo beso, metí mi lengua en su boca y la saboreé.

Anetta calló y poco a poco se fue entregando por completo a mis caricias, comenzó devolviéndome el beso y jugueteó con mi lengua en su boca, sentí como tímidamente ponía sus brazos en mi espalda y me apretaba hacia ella. Mientras la besaba seguí acariciando su puchita, pero ahora por debajo de su tanga, la tenía húmeda y cálida, sin rastro de vello, bien depiladita, estaba muy apetecible para mí. Le quité el camisón y la tanga de una vez y seguí jugueteando con su clítoris pellizcándolo mientras mamaba sus pechos como una niña pequeña, saboreándolos, endurecí sus pezones con una combinación de mordiscos y pequeños lengüetazos; recorrí todo su estómago con mi lengua hasta llegar a su húmeda puchita, ella estaba ya bien caliente después de estar acariciándola con mi mano, Anetta tenía los ojos inmensamente abiertos y respiraba entrecortadamente, se notaba claramente que estaba disfrutando muchísimo y pensar que tenía miedo de hacerse daño, ahora estaba gozando igual que la ninfómana de su amiga, o sea yo. Me separé un poco para encuerarme rápidamente, le abrí las piernas al máximo y puse mis labios sobre los labios de su panochita, la recorrí de arriba a abajo besándoselos y lamiéndolos poco a poco, pasé mi lengua sobre ellos y fui abriendo su rajita con la lengua, lentamente, para hacerla gozar más. Separé los labios vaginales con mis dedos y encajé mi boca en su raja, la lamí de arriba a abajo, la succioné y chupé su clítoris hasta hacer que se viniera por primera vez en mi boca, cosa que no tardó mucho. Cuando se vació arqueó la espalda como un gato mientras me pedía más y más, quería más sexo, quería disfrutar más y yo no me podía negar a complacerla, como buena amiga que soy; así que después de tragarme todos sus jugos me levanté de la cama y me dirigí hacia mi cómoda.

- Anetta, sabes que estás muy rica?? Tus juguitos saben a gloria – le dije.

- Qué vas a hacer ahora?? – preguntó ella, exhausta pero con más ganas de fiesta y con una gran sonrisa de satisfacción en los labios.

- Ya lo verás mamacita, te voy a hacer disfrutar mucho... – dije maliciosamente.

De uno de los cajones saqué unas llavecitas unidas por una cadena de oro muy mona y despues abrí el closet, del ultimo entrepaño de abajo quite unas cajas y llegué a la puertecita que oculta la mayoría de mis secretos; usé una de las llaves para abrirla y de ahí saqué un cinturón con un enorme consolador con vibrador en la parte de fuera y otro más pequeño por la parte de dentro, me lo puse lanzando un gemido de satisfacción cuando me lo metí y Anetta miró asustada lo que estaba haciendo...

- No... no irás a meterme eso!!! – dijo aprensiva y con cara de susto.

- Tranquila, mi amor, no te dolerá, sé que eres virgen pero... acaso preferirías perder la virginidad con algún bruto de esos que te gustan y que te duela hasta el alma?? – dije haciéndome la enojada.

- No.. no.. no, pero... – tartamudeó.

- Pues entonces cállate!!! – dije y tiré de sus piernas hasta ponerla al borde de la cama.

Volví a chupar y a lamer toda su pucha y su clítoris para volver a calentarla, comencé a metérle los dedos poco a poco, primero uno, después dos, después tres, hasta que conseguí meter todos los dedos en forma de cuña dentro de ella; cuando ya estuvo lista encendí la verga vibradora y acerqué la punta a su cosita, ella me suplicó que por favor no le hiciera daño, que fuera buena con ella, pero yo no la oí; comencé a meter la punta lentamente, pero ella ya estaba demasiado caliente y no podía más, así que me pidió que acabara de una vez por todas con su virginidad y le metiera toda esa cosa que se veía tan rica, que se la metiera toda; le advertí que podría dolerle un poco pero no me hizo caso y volvió a pedírmelo. Embestí con toda mi fuerza contra su panochita y ella soltó un gran grito de dolor y la sangre comenzó a brotar, pero aún así, con lágrimas en los ojos me pidió que siguiera, que le diera cada vez más duro, más fuerte, más adentro; estaba rojísima de la cara y se le veía a leguas que estaba súper excitada y deseosa. Seguí embistiéndola cada vez más fuerte hasta que nos venimos a la vez, caí exhausta encima de ella, sin haber sacado aún la verga de goma de su panocha, unidas todavía por esa verga que Anetta no quería que le sacara de su asuntito y así descansamos un poco de la fatiga.

Seguimos teniendo sexo de mil formas toda la noche, pues yo me escapaba en ocasiones los sábados en la tarde a una sexshop que estaba en un Centro Comercial cercano a casa y había podido comprar infinidad de juguetes y objetos propios para la satisfacción sexual de las mujeres, aunque siempre los mantenía escondidos bajo siete llaves para que mis papás no me los fueran a encontrar pues de seguro me desheredaban; por fortuna mi recámara está bastante alejada de la de mis padres y nadie escucho los gritotes y los gemidos que estuvimos dando cada vez que nos veníamos cualquiera de las dos y cuando escuchamos que mis viejos llegaban de su diversión apagamos las luces y nos quedamos calladitas hasta que entraron en su cuarto, despues las encendimos otra vez y le subimos el volumen a la tele pues otra de mis aficiones era coleccionar películas porno de temas lésbicos en parejas, en trío y en grupos y fue algo que le encantó a Anetta; al día siguiente nos levantamos bastante tarde pues mi madre nos dejó dormir hasta cansarnos, desayunamos riquísimo y todo el tiempo estuvimos de un humor magnifico; las dos tratamos de hacer un día completamente normal pero en cuanto teníamos la menor oportunidad nos metíamos a mi recámara para darle duro al sexo lésbico. Estuvimos un buen rato en la alberca y como no había nadie cerca pudimos darnos nuestros besitos, nuestras caricias y nuestros repegones e incluso nos asoleamos encueraditas y muy juntas; por la tarde nos fuimos las dos solas de compras y ella se sintió feliz por tener una mayor libertad al no estar sus escoltas cerca y me hizo que la llevara al sexshop al que iba y le presenté al encargado y dueño que es un chavo joven con preferencia gay, que nos trató magníficamente bien y nos aconsejó algunas novedades que le habían llegado recientemente y nos orientó sobre otras que deseábamos comprar; Anetta se gastó un buen pico con sus compras pero no se las llevó a su casa, las dejó en la mía para que se las guardara y pudiera hacerlo poco a poco en cuanto encontrara donde esconderlas pues su papá era muy estricto en ese sentido y no permitía comentarios, objetos y acciones que no estuvieran debidamente aprobadas y autorizadas por el clero y por la mismísima iglesia; así era de payaso y ridículo el viejillo; despues de las compras fuimos al cine con mis papás pero ellos dejaron que escogiéramos la película que fue satisfactoria para los cuatro y a la salida nos llevaron a comer unas hamburguesas de camarón riquísimas; a nosotras ya nos urgía llegar a la casa pues nos estábamos quemando por darnos unas buenas cogidas y disfrutar de la noche y así lo hicimos; en cuanto llegamos apenas nos despedimos y les dimos las buenas noches corrimos a mi cuarto, pusimos el seguro a la puerta, nos encueramos y sacamos a nuestra amiga la verga de hule, primero fue ella, pero despues fui yo quien cayó en las garras de la verga vibradora y fue algo glorioso, enseguida disfrutamos de otros juguetes que ya tenía y de unos nuevos que habíamos comprado ese día, sobre todo con otra verga un poco más corta y delgada, con su respectivo vibrador, por supuesto, pues quería estrenar esa noche el culito de Anetta y no quería lastimarla tanto con la otra; también había comprado un tarro grande de lubricante por aquello de no te entumas, su iniciación la disfrutó muchísimo; hasta la verga que había comprado especialmente para su culito se le hizo chiquita y despues de que se la metí unas cuantas veces me pidió que usara otra más gruesa y larga pues la quería sentir plenamente y en todo su esplendor; nunca había disfrutado tanto como esa noche que fue célebre e imperecedera.

El domingo nos levantamos tardísimo y nos comportamos completamente normales para que mis padres no fueran a sospechar lo que había entre nosotras, a pesar de que Anetta estaba muy rosada de la panocha y del culo por tanta metida de verga, al grado que le tuve que poner una pomada especial para bebés que se afectaban con el pañal; así que nos bajamos a desayunar y lo hicimos muy bien, con muchísimo apetito; nos fuimos todos de shoping familiar al Centro Comercial, despues a comer a un buen restaurante y finalmente regresamos a casa, Anetta y yo nos pusimos un short y una blusita sin nada abajo y nos acostamos las dos en mi cama, empezamos a charlar y mi adorada amiga de inmediato tocó el tema de lo que nos estaba pasando, estaba muy asombrada por eso y se le hacía increíble que una mujer pudiera sentir un afecto muy especial por otra, distinto al que se siente por una amiga común y corriente, también comentó que estaba muy confundida y que todavía no ubicaba bien sus sentimientos pero quería que siguiéramos con lo nuestro hasta el fin o por lo menos hasta que alguna de las dos se diera cuenta que no era adecuado continuar; desde esa tarde decidimos convertirnos en novias y estar juntas lo más posible, acordamos que buscaríamos la forma de vernos despues de la escuela para hacer juntas las tareas y poder así mismo divertirnos sexualmente y pasar juntas los fines de semana, bien fuera en su casa, en la mía o en la playa, que es donde acostumbrábamos pasarlos cuando salíamos de la ciudad y eso era con cierta frecuencia, pues teníamos una casa ahí y aunque mi papá estuviera de viaje a mi mamá le encantaba el lugar; los papás de Anetta tenían también una casa cerca de la nuestra e iban con mucha frecuencia, pero como de costumbre se la pasaban encerrados y solos, casi no salían y estaban siempre rodeados de guaruras y comúnmente no invitaban a nadie; también quería que yo le enseñara también todo lo que sabía acerca del sexo, tanto lésbico como hetero y gay pues estaba dispuesta con mi apoyo y consejo a acostarse con un chavo lo más pronto posible pues estaba ansiosa por empezar a vivir una vida normal y dentro de la más completa tradición, de acuerdo a como vive una chavita ahora; sin embargo conforme iba hablando se me iba acercando más y más hasta que nuestras caras quedaron casi juntas y me dio un beso en la boca; le pedí que se alejara un poco pues mis papás podían entrar en cualquier momento y descubrirnos, puso una carita de tristeza y algo de enojo e hizo pucheros, pero se calmó con unas cuantas caricias en su rostro y unos besos en las mejillas y dicho y hecho, mis mamá no tardó en entrar para preguntarnos si la habíamos pasado bien y le dijimos que nos habíamos divertido bastante; platicamos un poco las tres hasta que dijo que mi papá y ella se iban a misa; salió y de inmediato me levanté para ponerle el seguro a la puerta y cuando regresé ya mi novia estaba encueradita y con las piernas abiertas esperando a que me la cogiera una vez más. estuvimos así todo el resto de la tarde y parte de la noche hasta que nos quedamos dormidas por el agotamiento, al día siguiente, lunes ya, Anetta casi no podía caminar de lo rosada que estaba de la cola, pero así tuvo que irse a la escuela; su mamá llamó muy temprano para que se le despertara y dijo que sin excusas ni pretextos su papá la esperaba a comer, así que esa tarde no nos veríamos por decisión de sus padres, pero ya encontraríamos la forma para estar siempre juntas y felices.

A partir de ese fin de semana Anetta se liberó un mucho del yugo de su familia y nos empezamos a frecuentar más, al grado de que nos hicimos súper unidas, no nos separábamos para nada y aún ahora; que ya no somos novias, nos vemos con mucha frecuencia, tal vez, con más de la que yo quisiera, pero se me hace mucho muy difícil estar lejos de ella. Terminamos porque ella se volvió muy exigente, acaparadora y un tanto egoísta, pretendía que todo el tiempo que estábamos juntas me la estuviera cogiendo y para mí no había casi nada, solo quería disfrutar ella, en varias ocasiones lo hablamos, al principio me decía que sí pero despues lo olvidaba, hasta que un fin de semana cuando estábamos solas y encueradas en la playa y despues del sexo decidimos dar todo lo nuestro por terminado; lo pasamos muy mal al principio pero logramos superarlo con un poco de tiempo y aún a la fecha ella sigue yendo a dormir a mi casa con bastante frecuencia los fines de semana y algunas veces nos acompaña a la playa y creo que ahora la pasamos mejor que cuando teníamos compromiso; en lo personal sigo pensando que el sexo es más importante que comer y dormir y lo practico siempre que puedo y para ello tengo un grupo de amigas y amigos con los que me la paso muy bien y debo decir que Anetta está incluida en ese grupo; así que más adelante les relataré como fue que mi querida Anetta tuvo por primera vez sexo con un chico en mi presencia y como lo disfrutamos las dos y también como fue que Vanesa, su hermana, se unió a nuestro grupo y por un tiempo formamos un trío fantástico y nos la parrandeamos a lo grande.

Ellas, las dos hermanitas gemelas al cumplir los 18 se rebelaron de la tiranía de sus padres y ahora viven las dos solas en un departamento precioso, pero eso sí, su papá no les permitió deshacerse de sus escoltas, pero cuando tratamos a algunas chicas que las acompañan nos dimos cuenta que también les encanta tener sexo con otras mujeres, así que imagínense las divertidas que nos damos.

Por ahora, hasta pronto y chaoooo.

 

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