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UN TRÍO INESPERADO

Mi amigo Jorge y yo habíamos salido esa tarde a tomar un café que teníamos pendiente.

 

Recordábamos sobre lo que había pasado esa mañana del sábado en mi oficina, lo cual les relaté en una historia pasada llamada Mi Capricho.

 

Hablamos animadamente y de verdad la pasábamos de maravilla, incluso cuando no teníamos algún contacto sexual o tocábamos temas de ese tipo.

Era un sitio muy agradable, ubicado en una parte alta de la ciudad y desde donde se podía apreciar gran parte de ella.

Sólo fuimos interrumpidos por una llamada al teléfono de mi amigo, durante la cual me dediqué a saborear mi bebida, sin poder evitar escuchar y entender parcialmente lo que hablaba con su interlocutor, de nombre Diego.

 

Después de unos 10 minutos de conversación terminó su llamada.

 

- Vaya los amiguitos que tengo

- Que pasó?-le pregunté

- Un amigo de Medellín me llamó a pedirme un favor

 

Medellín es una ciudad ubicada a menos de 300 Km. de la nuestra, famosa por el gran empuje de sus gentes, su industria, ambiente cosmopolita y sobre todo por sus lindas mujeres.

Por lo que pude deducir de la conversación, no se trataba precisamente de una molestia para El, por lo cual le dije:

 

- Pero no parece muy horrible lo que debes hacer, es como servir de guía o algo así?

- Si, algo así-contestó con una sonrisa maliciosa.

- Oyeee, pero creo que me estaban involucrando en el asunto, que tengo que ver ahí?

- No te preocupes, es solamente si aceptas. Mira, lo que pasa es que Diego tiene una sobrina que tiene muchas ganas de conocer estas tierras donde vivimos, entonces la va a mandar este fin de semana para acá y quiere que le sirvamos de guías, eso es todo.

- Sirvamos?

- Si, yo le dije que andaba contigo y que si no habría problema que la atendiéramos los dos, ya sabes, se sentiría mas en confianza.

- Bueno, no sé, como es ella?

- No tengo ni idea, no la conozco, sólo me dijo que tenía 24 años.

- Y en que quedaron?

- Que no había problema, llega mañana en el primer vuelo y debo recogerla

 

Le dije que no tenia inconveniente ya que me pareció un buen programa para el fin de semana, recorriendo algunos sitios que hace algún tiempo no visitaba y mostrando la ciudad a una chica joven y tal vez agradable y de confianza.

 

No imaginaba lo que me esperaba.

 

Quedamos en que Jorge la recogería en la mañana, la llevaría a su apartamento para que se ubicara y guardara sus cosas.

A la una de la tarde irían por mi para almorzar juntos y conocerla; la idea era que el resto del día recorriéramos algunos sitios y en la noche saliéramos a escuchar música o a un ambiente mas movido, dependiendo de los gustos de nuestra invitada.

 

La mañana siguiente desperté con una extraña sensación, mezclada con una gran ansiedad por conocer a la chica.

 

Pasé la mañana leyendo y pensando que sitios visitaríamos.

 

Poco después de la una llegó Jorge por mí.

 

- Que pasó con nuestra amiga…como se llama?

- Se llama Valerie, quedó en el apartamento dándose una ducha, vamos por ella

 

Llegamos al apartamento, me senté en la sala a esperar. Valerie estaba en el baño, cuya puerta podía ver desde donde estaba sentada. Jorge había bajado al parqueadero ya que había olvidado algo en el carro.

 

Sentí que abrió la puerta y la pude ver.

 

Era una mujer muy linda, tenía una toalla que le cubría los senos pero le dejaba ver unas lindas y bronceadas piernas, era alta y delgada, largo y hermoso cabello, estaba descalza y dejaba ver unos pies muy bien cuidados.

 

- Ahhh! qué pena- atinó a decir sorprendida- usted debe ser la amiga de Jorge

- Si, si…como estas?- me molestó la perturbación que sentí en ese momento

- Muy contenta de estar aquí, voy a vestirme para que nos vamos

- Si, claro

 

Salimos a almorzar, recorrimos varios sitios aprovechando la tarde soleada.

 

Eran las 8 de la noche y decidimos entrar a uno de esos sitios karaoke que abundan en la zona rosa.

 

Nos sentamos en una mesa desde donde se apreciaba todo el sitio y pedimos una botella de vodka para los tres.

Seguíamos la música y nos ambientamos rápidamente; Valerie cantaba animada y nos sorprendió la gran energía que irradiaba.

Se ponía de pie al lado de la mesa, cantando y bailando cuando el animador del lugar la invitaba a seguir el ritmo de la pista.

Muchos la observaban, especialmente los hombres, aunque muchas de las mujeres no podían evitar mirarla en una mezcla de envidia y lujuria.

 

Y no era para menos.

 

 

Tenía una minifalda azul que resaltaba sus bien formadas y bronceadas piernas, unas sandalias altas y muy descubiertas y una blusa muy escotada que insinuaba unas lindas tetas.

 

No se podía negar que estaba preciosa.

 

A las 11 de la noche ya estábamos consumiendo la tercera botella y al menos en lo que a mí respecta, me sentía algo mareada pero muy contenta y con ganas de seguir la fiesta.

Salimos de allí antes de medianoche y nos fuimos para el apartamento de Jorge ya que seguíamos muy animados todavía.

Nos sentamos en la sala, Valerie y yo en el sofá, mientras Jorge ponía algo de música.

 

- La estoy pasando de maravilla, ustedes son maravillosos- dijo Valerie, inclinándose para lo que yo creí iba a ser un simple beso de agradecimiento en la mejilla.

 

Sentí sus labios tibios en mi cuello estampándome un suave beso que erizó mi piel. Sentí que giré levemente en el aire, un poco por efecto del licor, pero sobre todo por aquella sensual cercanía.

 

Sólo atiné en sonreír pero no dije nada, aunque al parecer fue muy evidente para ella que no me había molestado si no todo lo contrario.

 

- Creo que te mereces una atención de nuestra parte-dijo mientras me tomaba de la mano.

 

Me llevó hacia la habitación y me sorprendí sin oponer la más mínima resistencia.

 

- Danos unos minutos antes que entres a acompañarnos-le dijo a Jorge, muy segura de si misma.

 

Cerró la puerta sin seguro y se sentó en la cama.

 

Ven, ponte cómoda

 

Me acosté en la cama sin prevenciones de ninguna clase.

Puso su mano en la cremallera de mi bluejean, en ademán de bajarla.

 

Espera, que haces?-le dije sujetando sin fuerza su mano

No te preocupes, no pasará nada que no queramos.

 

Lo decía sonriendo, consciente de lo gastado de la frase.

 

Bajó mi pantalón mientras me invitaba a despojarme de mi blusa, lo cual hice en medio de un ambiente de inusitada confianza, quedando en ropa interior y acostada bocarriba.

Recorrió mi cuerpo con su mirada, lo cual no me molestaba; después de todo, mi figura delgada y bonitas piernas, hacían parte de mis muchos atractivos; mis lindos pies invitaban a ser besados y consentidos, lo cual había podido comprobar con Jorge en algunas ocasiones, producto de su inocultable fetichismo hacia ellos; mis pequeños senos resaltaban así como mis pezones deliciosos y erectos cuando me excitaba; ni que decir de mi trasero, lindo y provocativo, una de mis mejores armas, como decimos aquí, "de muerte lenta".

 

La verdad, no me podía quejar y sé que Valerie se percataba de mis atributos.

 

Se puso de pie y bailando lentamente, al ritmo de la música que se escuchaba desde la sala, se quitó la blusa y la falda que llevaba puesta; no tenía sostén.

 

Pude verla y comprobé lo que suponía: era preciosa, de lindo cabello, delgada, hermosas piernas, con tetas lindas y buenas nalgas.

Se inclinó sobre mí y empezó a besar suavemente mi cuello, lo cual me produjo un corrientazo en todo mi cuerpo.

 

Tienes un olor delicioso-me dijo mientras me despojaba hábilmente de mi brassier y se quitaba su pequeña tanga.

 

No contesté, pensando que ella también tenía un aroma agradable y erótico.

Me estremecí cuando sentí su lengua en uno de mis pezones, el cual empezó a chupar delicadamente, sin prisa alguna.

Se hizo ligeramente a un lado y sin dejar de besar y chupar mis senos, me quitó la tanga.

 

Mi piel hervía, presa de una agradable sensación, la cual aumentó cuando sentí que su lengua recorría mi vientre.

 

Sus manos acariciaban mis senos, consintiendo mis pezones con sus dedos; llevaba un buen rato con sus caricias, por lo que me sentía muy excitada.

Sus labios empezaron a besar la parte alta de mis muslos; respirábamos profunda pero lentamente.

Sentí que otros labios retomaban mis senos, reemplazando los dedos de Valerie.

Era Jorge, no lo sentí entrar por mi concentración y mis ojos cerrados.

Mi excitación aumentaba, imaginando la faena que me esperaba con la invasión sin contemplaciones de mi cuerpo.

Jorge ya se había desnudado; tiene 1.85 de estatura, velludo, atlético y muy varonil, me encantan sus piernas y sobre todo su polla apetitosa y de gran tamaño: muchas veces se me hacía agua la boca y me masturbaba por ella.

Seguía besando y chupando mis pezones, mientras Valerie lamía la parte interna de mis muslos.

Abrí aun mas mis piernas, abandonándome a ellos por completo; no siempre se tiene la oportunidad de ser la presa de semejante par de cazadores.

Temblaba ante cada lengüetazo, a pesar que mi piel hervía de placer. Mi rajita ya estaba húmeda y mi clítoris suplicaba ser atendido.

Valerie recorría los alrededores de mi vagina con la punta de su lengua, como una fiera que rodea a su presa antes de devorarla, mientras Jorge metía la suya en mi ombligo e inició un recorrido punzante hasta mi cuello, deteniéndose un momento para succionar mis pezones.

Estaba disfrutando de su ardiente beso en mi cuello, cuando sentí un electrizante ataque en mi entrepierna; Valerie había atrapado mi clítoris en sus labios.

Sentí como si un manantial de placer me llevara al mismísimo paraíso.

Jorge besó mi boca, interrumpiendo mis suaves gemidos y humedeciéndola un poco, como adivinando que era tal vez el único lugar de mi cuerpo que se resecaba por momentos.

 

Valerie empezó a chupar rítmicamente, mientras Jorge inicio el descenso para acompañarla; colocaron una almohada en la parte baja de mi espalda para levantarme un poco y servirse mi manjar con mayor comodidad.

Dos lenguas, dos puntas, dos bocas, lamian, hurgaban y chupaban mi sexo sin darle tregua, al mismo tiempo, tomaban mis jugos y sacaban aun mas.

Instintivamente los dedos de una de mis manos acariciaban mis pezones, los dedos índice y del medio de mi otra mano entraban furtivamente en mi raja, los sacaba humedecidos y una de esas bocas, no sé cual, los chupaba, una y otra vez, incontables para mi.

 

Era una faena prolongada, sin afanes y sin tiempo.

 

La escena parecía de pincelazo: mi cuello apoyado en un pequeño y blando cojín, dejaban mi cabeza tirada hacia atrás y mi cabello extendido sobre la sabana roja de la cama, mis ojos se entreabrían dejando ver mi condición de poseída, la media luz de la habitación, dos cuerpos desnudos apoderándose de otro y los suaves gemidos como guías del placer.

 

Doblé mis rodillas, levanté mis pies y puse uno de ellos en la espalda de Jorge; en esa posición, mi raja se abrió aun mas, sin pudor alguno, para hacer mas profundo el ataque de las lenguas; en medio de mi estremecimiento, me percaté que otra parte de mi cuerpo quedó expuesta y vulnerable: mi culito!

 

Pero ya era tarde.

 

Una de las lenguas, qué mas da cual, penetró sin compasión por mi agujero.

 

Me sentí suspendida, como un títere con hilos de agua.

 

Con una boca chupando mi clítoris y una lengua moviéndose en mis entrañas, exploté en un orgasmo indescriptible.

Todas mis terminales nerviosas acudieron al llamado, mi cuerpo se agitó con las piernas aun levantadas, la lengua encargada de mi clítoris siguió su movimiento frenético y despiadado, creí que no terminaría de derramar mi lechita.

Al sentir que habían parado, levanté un poco mi cabeza y pude ver a Valerie pegándole tremenda mamada a Jorge, quien estaba apoyado en una de sus rodillas sobre la cama.

Me acomodé para servir de simple espectadora, aunque ese papel no me iba a durar mucho.

 

Quieres probar? Está deliciosa!- me dijo Valerie.

Sigue, lo estás haciendo muy bien-le contesté, aunque mi antojo era evidente.

 

Continúe observándolos; la verdad es que, además de bella, era toda una artista, metía y sacaba con destreza la polla de Jorge, la recorría con su lengua y volvía a metérsela hasta la garganta. Semejante escena me hizo excitar de nuevo.

 

Pudo más el antojo.

 

Ven aquí, Valerie, cambiemos de papel-le dije

 

Ahora ella era la espectadora.

Me senté frente a Jorge, dispuesta a tomar mi parte del botín; sabía que tenía que estar a la altura y estaba dispuesta a mostrar mis habilidades.

Saludé su verga con un pase de lengua por la parte baja, para luego introducirla a mi boca cuanto más pude: la sentí dura y jugosa.

La chupaba en una combinación de movimientos lentos y rápidos, pegándole una soberana mamada durante un buen rato; de reojo podía ver a Valerie masturbándose mientras nos miraba.

Con las herramientas disponibles, masturbarse en este caso era sólo una opción. Entonces, en aras de lo justo hacia Valerie, se me ocurrió algo:

 

Ven, acuéstate bocarriba-le dije a Jorge

 

Obedeció sin pronunciar palabra.

 

Tengo un regalo para ti, Valerie, esa lengua es toda tuya, quiero que cabalgues sobre ella hasta que estalles-le dije.

Uauuu! Qué rico, acepto encantada!

 

Sin vacilar, pasó hábilmente una de sus piernas sobre la cara de Jorge, dispuesta a recibir lo suyo.

Se ubicó de frente, de tal forma que podía verla; se movía rítmicamente, concentrada en proporcionarse el mayor placer, tiraba su cabeza hacia atrás y estimulaba sus pezones con sus dedos.

Era toda una amazona dominando su corcel.

La polla de Jorge seguía dura y provocativa, así que volví a ocuparme de ella.

Se la mamaba manejándola con una mano, mientras con la otra tocaba y estimulaba mi sexo, sin perder de vista los sensuales movimientos de Valerie. Era una larga sesión que no quería que acabara.

Cuando sentí que estábamos a punto, pensé que lo mejor para Valerie y yo era recibir los tres estallidos en la posición que nos merecíamos.

Dos amazonas sobre un mismo corcel no era mala idea.

Me incorporé, levanté una de mis piernas, aseguré con mi mano la rígida verga, la puse en la entrada de mi rajita y me senté en ella, metiéndomela con decisión, dispuesta a terminar cabalgando al lado de mi hermosa acompañante.

 

Seguí su ritmo, ad portas de otro gran orgasmo.

 

Respirábamos profunda y pausadamente, gemíamos y danzábamos al ritmo que mas nos convenía.

 

La explosión de ambas fue simultanea; un instante después, cuando aun nos estremecíamos, sentimos estallar a Jorge con tal fuerza, que lograba movernos de nuestras monturas, se agitaba como tratando de escapar de la prisión de nuestras piernas, pero eso no nos importaba, nos sentíamos como diosas y de allí no nos moveríamos hasta relajarnos por completo, cosa que sucedió unos minutos después.

 

Sin bajarnos, palmoteamos nuestras manos, las de ellas contra las mías, en señal de celebración.

 

Luego nos acostamos al lado de Jorge, besando sus mejillas y así quedarnos dormidos, con la tranquilidad que da la nueva amistad que allí había nacido.

 

FIN

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